El Duelo

Hace unos días alguien me dijo que los duelos duran al menos unos años y que, entretanto, es natural ver a la persona que has perdido en todo lo que haces, les, observas, escuchas, comes, bebes, sientes.

Hace ocho meses murió mi hermano mayor y yo sigo haciéndome preguntas, sigo haciendo conjeturas, sigo recreando momentos. Sigo en él. Mi cabeza me vuelve loca, mi cabeza me traiciona. Comencé a escribir en una libreta todo lo que se me ocurre. Ayer, por ejemplo, escribí del partido entre México y Brasil y sobre cómo, de seguir vivo, mi hermano le hubiera llamado a mi Padre para pedirle que le fuera a Brasil. Es una broma familiar, que seguro comenzó mi hermano, decir que mi padre hunde equipos. Incluso él mismo lo dice:  “equipo que elijo, equipo que hundo.” Escribí también de otras ocasiones en que mi hermano llamaba a mi padre sólo para saber a quién le iba y elegir entonces el equipo contrario, de las veces que llamaba en cuanto sucedía un gol para decirle “¿viste eso?, ¿qué te pareció?”

Hoy escribo desde una bella casa en Taos, anoche comencé a leer a Piedad Bonnett y tengo todo patasarriba, las emociones, las ideas, los recuerdos. Todo a flor de piel. Si es cierto, si el duelo dura al menos unos años supongo que lo que te queda es pensar que, al menos, esa persona va a seguir contigo de un modo u otro. Mi hermano, hoy, es un renglón en una libreta que me acompaña a todos lados. 

Mari GomezComment